Obra · Residencial Mistral
Mejora del terreno bajo un edificio de viviendas asentado sobre arcillas expansivas
Un edificio de 20 viviendas con dos sótanos se agrietaba por asientos diferenciales de más de 8 cm. Consolidamos el terreno bajo las zapatas con inyecciones armadas de lechada de cemento, sin tocar la cimentación existente.

Objetivo
La comunidad de propietarios del edificio, construido en 2005, nos pidió frenar los daños que avanzaban por el conjunto: grietas en tabiques y fachadas, cerramientos desplomados y soleras hundidas, más graves en la parte trasera y en el extremo norte. El objetivo era detener los asientos actuando sobre el terreno, no sobre los síntomas.
Dificultades
- Un suelo que cambia de volumen. Bajo el plano de apoyo de las zapatas hay arcillas de alta plasticidad y expansividad alta, con capacidad portante en torno a 0,6 kp/cm². Se hinchan, retraen o colapsan según la humedad, por lo que una fuga o una temporada de lluvias puede reactivar los daños.
- Profundidad muy variable. Los suelos blandos llegan a más de 12 m en el extremo norte y se quedan en unos 5 m en el sur. Esa diferencia explica que el edificio se hunda más por un lado que por otro.
- Una cimentación que no coincidía con el proyecto. Las catas revelaron zapatas con geometría, dimensiones y profundidad distintas de los planos, con elementos anómalos. Su comportamiento no se podía predecir desde la documentación.
- Un edificio habitado. Había que trabajar dentro de garajes, trasteros y zonas comunes en uso.
Solución
Antes de proponer nada se reconstruyó el problema: levantamiento topográfico y croquis de fisuras, tres sondeos a rotación, siete penetraciones dinámicas y cuatro catas. El cálculo predijo un asiento de 6,5 cm en la zona más desfavorable. La nivelación de los forjados del sótano confirmó que se estaba produciendo, e incluso midió desniveles de más de 8 cm.
La solución elegida fueron las inyecciones armadas de lechada de cemento con tubo-manguito. Las perforaciones atraviesan la cimentación y en cada una se instala un tubo de acero N-80 con válvulas cada 50 cm. Por cada válvula se inyecta lechada a presión en tres pasadas sucesivas, de forma controlada:
- La lechada rompe el terreno en lenguas que se van entrelazando.
- La presión consolida el suelo que queda atrapado entre ellas.
- El tubo de acero queda dentro como armadura del terreno tratado.
Se eligió esta técnica porque permite repetir la inyección en cada válvula y dosificar volumen y caudal, con un control muy preciso de las deformaciones. Además no se vincula a las zapatas existentes, cuyo comportamiento era incierto. El tratamiento se concentra bajo el núcleo de cada zapata y se gradúa en intensidad y profundidad: es más intenso en el extremo norte y en la fachada trasera, donde el daño es mayor.
Resultado
La primera fase actúa sobre la zona con más daños, que es la más urgente. Durante la obra se controlaron a diario la perforación, los volúmenes de inyección y la nivelación de las dianas de fachada, para comprobar que el tratamiento no inducía movimientos no deseados.
Antes

El edificio 
Grieta vertical en el sótano 
Grieta en la esquina de un hueco 
Fisuras en la solera
Durante los trabajos

Tubos de acero N-80 para la inyección 
Perforación a través del pavimento 
Cerramiento descolgado del forjado 
Tubos de inyección instalados

